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miércoles, 19 de junio de 2019

Unos nervios ineludibles

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Os lo confieso: hoy estaba muy nervioso. Esta mañana, sobre la hora del almuerzo, he empezado a cavilar. Ya verás como no tengo suerte. Ya verás como al final pringo. A medida que se acercaba el mediodía he ido dándole más a la cabeza. Hasta el punto de que, después de comer, me he sentado en el sofá y me he autoprohibido mirar el teléfono.

Nada. Una autoprohibición que me ha durado minutos. Al instante estaba actualizando como un energúmeno el Twitter hasta que, al final, a las 14:13h, he leído "La ida, el 25 de julio en el #RCDE Stadium. La vuelta, en Islandia o Estonia, el 1 de agosto". El periodista Iván Molero ha sido el artífice del comentario.

He tardado unos segundos en reaccionar antes de un vibrante ¡tomaaa! No estaba nervioso por el rival que nos tocara en la ya segunda ronda de la Europa League, sino en si la ida iba a ser en casa o fuera. Resulta que, después de haberlo hablado con mi jefe, de tener su permiso para coger los días necesáreos para desplazarme para ver al equipo por Europa, me di cuenta de que el viernes 26 de julio tengo un compromiso ineludible: una despedida de soltero en Granada. Sí, es ineludible. Así que si la ida llegaba a ser a domicilio, teniendo en cuenta que el partido sería sobre las 21h del jueves 25, prácticamente seguro que no hubiese tenido tiempo de volver del extranjero y estar en Barcelona a tiempo el viernes 26 para coger el vuelo a primera hora de la mañana hacia tierras andaluzas. De ahí venían mis nervios, de ver como quizá me perdía ya el primer partido que disputaría el Espanyol a domicilio.

Sin embargo, como mínimo hoy, la fortuna ha estado de mi parte, y el sorteo ha querido que el partido en Cornellá sea el día de San Jaime. El comienzo de la andadura europea será un buen regalo también para mi padre y para mi hermano.

Ahora nos encontramos en la siguiente situación: ya he avisado al jefe que para el 1 y 2 de agosto no cuente conmigo, que mi intención es estar rondando calles bien islandesas bien estonias. Y, aunque hasta el 18 de julio no sabremos dónde nos llevará el primer (y espero que no último) avión de esta temporada, sí que sabemos que el rival al que se enfrentará el Espanyol saldrá de la eliminatoria entre el FC Starjnan islandés y el FC Levadia Tallinn estonio. Islandia me trae a la mente El faro de Dalatangi, con postales de ensueño. Estonia me lleva a pensar en la Unión Soviética. De todo ello hablaremos más adelante...
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domingo, 26 de mayo de 2019

Con la ilusión de un niño el día de Reyes

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Ayer acabé de leer El faro de Dalatangi, de Axel Torres. Después de 11 ciudades, este es el segundo libro que leo de este popular comunicador futbolístico. Una persona que desprende sabiduría balompédica a raudales y que, además, sabe expresarse. Disfruté como un niño con su primera obra y he vuelto a hacerlo con esta última. Tanto, que he encontrado la excusa que llevaba tiempo buscando para volver a escribir. O eso espero.

Y es que sus obras no hablan de fútbol. El fútbol es el vínculo, la unión, el trasfondo... pero el mensaje es siempre mucho más profundo. Los detalles, las vivencias, la felicidad, el buscarse a uno mismo. Eso es lo que llega.

Hace poco más de una semana, el Espanyol volvía a comprar un billete europeo en una tarde que recordaremos siempre. Los goles pericos, el móvil pendiente de Sevilla, la invasión de campo o el Gigi D'Agostino de turno fueron los ingredientes que dieron lugar a desfermar una alegría que poca gente llega a comprender. Y todo por un séptimo puesto, dicen algunos.

¿Y ahora sabéis qué toca? Toca viajar. Toca precisamente hacer lo que ha hecho Axel en estos dos libros. Viajar, descubrir lugares, empaparse de ciudades nuevas, de culturas diferentes, de distintas formas de ver el mundo, la sociedad, la pasión por el deporte, el día a día. Este es el motivo por el que, repito, espero, vuelvo a escribir.

La semana pasada hablé con mi jefe. Si no tenéis inconveniente y a la empresa no le va mal, me gustaría hacer una semana de vacaciones en verano y el resto de días podérmelos coger siempre que el Espanyol juegue la Europa League; serían jueves alternos y quizá viernes, así podré desplazarme. Esta fue mi propuesta. Ningún problema, ojalá lo pudiera hacer yo. Esta fue su respuesta.

Mi cabeza va rumiando sobre qué equipo nos deparará el primer sorteo. El Vardar Skopje de Macedonia, el Alashkert de Armenia, el NK Domzale de Eslovenia, el Sabail de Azerbaiyán... Quién sabe. Quién sabe qué colores vestirá el equipo contra el que se enfrente nuestro Espanyol en esta nueva andadura europea que ha tardado doce años en llegar. Quién sabe qué países, qué ciudades, qué aventuras nos esperan en estos nuevos tiempos que, con la ilusión de un niño el día de Reyes, todos los espanyolistas esperamos.

Quiero que el Espanyol gane para que esto no sea efímero, pero quiero aún con más ganas que empiece todo. Quiero buscar vuelos, quiero indagar sobre el rival, quiero llamar a los amigos para ver cómo organizamos el viaje. Ya ven ustedes cómo nos tenemos que ver.
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domingo, 12 de marzo de 2017

Entre (obligaciones y ocio)

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Escribo esta entrada desde el ordenador portátil, tumbado en la cama, en donde llevo toda la tarde. Pensaréis que qué vago soy, pero creo que tengo alguna excusa, aunque sea media.

Miquel, con el que estoy pendiente de verme y cuyo libro quiero tener en breve (espero que el mismo próximo fin de semana), me dejó un comentario muy interesante en mi última entrada. Yo no la escribí con esa intención, pero sí que me puse en su piel y pienso que se puede deducir que todo aquello sean obligaciones. Estuve tentado de contestar al día siguiente. Luego lo dejé para la semana posterior, y al final hoy es el día. De hecho, escribí contestaciones, las borré, escribí otras, no me parecían decentes.

Bien. Pues resulta que, de toda esa lista de tareas, hay muy pocas obligaciones. De hecho, quizá sólo una; trabajar, para poder comer. Todas las demás, de un modo u otro, son relativas, son aficiones, intereses, gustos u ocio. Pero no es menos cierto que para un servidor (y a esto le he dado muchas vueltas), pocas cosas se quedan solamente en relativas, aficiones, gustos u ocio. Todo lo llevo un grado más allá. Sí, todo lo acabo llevando a una obligación personal.

Por un lado pienso que es algo bueno. Si no me obligara a leer (mucho), a escribir (antes mucho más que ahora), a traducir y corregir (ahora estoy liado con un libro que se publicará en mayo), a coleccionar (¡cómo me gusta esto!), a hacer radio (una meta que tenía), a gestionar la peña (sino prácticamente estaría muerta) y temas de la FCPE (podéis participar ya en el IV Concurso Literario. Tenéis hasta Sant Jordi) creo que mi vida estaría demasiado vacía. Necesito marcarme retos, metas personales.

Por otro lado, también veo el aspecto negativo del asunto. Obligarme tanto acaba cargando y quemando. Por cantidad, por otros o por uno mismo, pero acabas viendo que, poco a poco, has de ir dejando cosas. ¿Lo malo? Que cuando dejo algo porque creo que ha acabado mi etapa, al cabo de poco aparece algún otro tema interesante y, como un problema gravísimo que tengo es que no sé decir que no, pues ahí andamos. En esos trances. Entre un fregado y otro.

Hoy he cumplido otro reto, otra meta personal. Ya había plantado un árbol, escrito un libro, casado, tengo una formación, tengo un trabajo estable... Pero quedaba algo (bueno, quedan aún muchas cosas en la lista, claro): correr una Maratón. Hoy me he enfundado la elástica blanquiazul del grupo de atletismo de la FCPE y he corrido mi primera Maratón, la de Barcelona. Con un tiempo y resultado satisfactorio, puedo decir: reto superado. ¿Entendéis ahora por qué llevo toda la tarde tumbado en la cama, verdad? Mañana veréis lo divertido que será trabajar.

Ahora, hasta la próxima meta.
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domingo, 12 de febrero de 2017

Entre

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Entre casa y trabajo.
Entre sábanas y taller.
Entre cromos y tornos.
Entre calendarios y roscas.
Entre colecciones y rectificados.
Entre padres y suegros.
Entre cuñada y futuro sobrino.
Entre Pericos de Montmeló y FCPE.
Entre radio y fútbol.
Entre victoria y derrota.
Entre Media Maratón y Maratón.
Entre Mónica Carrillo y Elvira Lindo.
Entre series y películas.
Entre traducciones y correcciones.
Entre libros y revistas.
Entre fotos y redes.
Entre 24 horas y un día.


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domingo, 15 de enero de 2017

Hola, 2017

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Quince días han pasado ya desde que diéramos la bienvenida al 2017. En estas dos semanas, claro está, han sucedido muchas cosas. Si estáis al corriente de las noticias, que seguro lo estáis más que yo, sabréis de la actualidad política, económica, de los inmigrantes, de las guerras, de los deportes y del frío, las olas de frío polar y siberiano que se ve que nos están abrazando.

Todo sigue su curso, pues. Los refugiados se mueren ayudados por las pésimas condiciones en las que se ven obligados a vivir, los hospitales están colapsados de enfermos y los coches se siguen averiando, como siempre. Aunque parezca mentira, y algunos no lo quieran ver, no se salvan ni los Mercedes.

Mi maestro ya se ha jubilado. Afortunado él, trabajo ahora entre torno, equilibradora, soldadura y demás con lo que he podido aprender en estos seis meses que he pasado con el bueno del castellanoleonés. Ahora, las dudas las he de dirigir forzosamente a mi padre.

El pequeño de la familia, como mínimo hasta abril, se ha vuelto a Francia y posiblemente no lo veamos ya hasta mayo, cuando acabe el curso. Dice que está estudiando, pero si hiciéramos caso de su Facebook no le podríamos creer.

En otro orden de cosas, desde la Generalitat de Catalunya siguen obsesionados con el Barcelona. Con relacionarlo todo con los colores azul y grana. Todo lo bueno, claro. Lo malo no. No acabo de entender el motivo, pero parece que ese club sea un ente superior a todo cuanto lo rodea. Un organismo que supure excelencia. Da la sensación de que esté por encima del bien y del mal y de que cualquier otro aspecto de la vida quede por detrás de aquello que lleva la marca Barça. Yo qué sé, da ya mucha pereza todo esto.

Eso sí, da gusto trabajar, aunque no te paguen, cuando ves el resultado de un libro publicado. Y es que ayer presentamos en el mismo Auditorio del RCDE Stadium el libro conmemorativo del III Concurso Literario "El teu estiu en blanc-i-blau" de la FCPE. Un volumen que recoger, por tercera vez, todos los relatos que participaron en el certamen.

Aunque no me considero un inculto, no creo que sea el que más sabe de fútbol. Ni me interesa ser el más sabio, para eso ya hay gente. Y es que, como muchas veces he discutido con compañeros pericos, a mi me gusta todo lo que rodea el fútbol más que el fútbol en si. El fútbol es la excusa perfecta para conocer gente, viajar, escribir, leer, debatir, reunirse alrededor de una mesa y sentirse vivo socialmente. Por eso disfruto haciendo radio, yendo en el bus de la peña, editando revistas, elaborando libros, organizando actos y ofreciendo mis manos para aquello que sea menester por el bien del RCD Espanyol.
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