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miércoles, 29 de julio de 2020

La peor temporada de la historia

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Llevo semanas pensando qué decir. De qué manera expresar todo lo que he vivido esta temporada al lado del Espanyol. De qué forma vaciarme mostrando qué me ha parecido esta campaña. Y quizá tenga razón en algunos puntos y en otros esté equivocado, no lo sé, pero intentaré, en las siguientes líneas, vomitar mi opinión sobre la que, desde mi punto de vista, ha sido la peor temporada de la historia.

Antes de empezar tengo que decir que, aunque Miquel Cartisano me recomendó no dedicar muchas palabras a aquellos que no las merecen... Me parece que me hace falta desahogarme.

La 19/20 prometía ser apasionante. En julio de 2019 todos estábamos eufóricos. En competición europea, los primeros partidos, antes de empezar la Liga, se contaban por victorias. Eso sí, había voces (y no yo) que decían que no había plantilla para tres competiciones. El tiempo, creo, les daría la razón.

Como ya sabréis, un servidor pudo hacer muchos desplazamientos. Fuimos, junto con Félix Botija, los dos únicos aficionados que, sin formar parte del club, pudimos hacer prácticamente un pleno de viajes europeos: 6 de 7. Y aunque la nota global que me llevé de todo ello es excelente, sí que hubo algo que no me gustó nada.

Me remonto a finales de agosto. Cinco pericos fuimos con el avión charter del club a Zaporizhia. Tan solo cinco espanyolistas acompañamos al equipo a un lugar remoto de Ucraina que no conocíamos y que nos presentaba serias dudas. Durante los trayectos y toda la estancia en el país, no molestamos al equipo, no incordiamos a los jugadores, hicimos la nuestra en todo momento y no supusimos ningún escollo para el viaje oficial del club. Como si no estuviéramos.

Y no pedimos nada. Nada. No teníamos porqué hacerlo, y ni tan siquiera pienso que tuviéramos que hacerlo. Pero... qué cojones. Por poner un ejemplo: ¿De verdad la foto de grupo del equipo, hecha al acabar el partido, no podía contar con nosotros? Y si por normativa no podíamos bajar al césped... ¿no podía el equipo acercarse a la grada y hacer la foto con nosotros detrás? O, qué se yo, ¿una foto en el aeropuerto? ¿Es un detalle excesivo para los cinco únicos aficionados que han recorrido más de 3600km expresamente para estar ahí? De verdad que no pido camisetas ni nada por el estilo. En mi colección no tengo ni una sola camiseta que me haya dado un jugador. Pero sí que creo que los desplazados nos merecíamos un detallito, por insignificante que fuera.

Por otro lado, hubo dos pericos que, saltándose las recomendaciones de club y FCPE, aprovecharon un viaje por su cuenta y compraron entradas para otra zona del estadio en el que jugaba el Zorya Luhansk. Anduvieron solos por los aledaños del feudo y tuvieron la mala pata de encontrarse con mala gente. Esa mala gente, aunque celebramos que no se ensañaron, les hicieron pasar un muy mal rato. Los chicos pecaron de novatos, y se quedaron sin camisetas al ser asaltados por ultras. Hay que dar "gracias", eso sí, de que no sufrieron ninguna agresión física ni tampoco ninguna sustracción más que las camisetas blanquiazules que lucían.

Pero no creo que sea oportuno que, posteriormente, el RCD Espanyol les regalase dos camisetas. ¿A santo de qué? ¿Por qué? ¿Por no haber hecho caso a las recomendaciones y haber sufrido un atraco? Me pareció un premio a esos chicos por haberse equivocado. No, señores. Lo que había que hacer es prestarles todo el apoyo del mundo (y así se hizo, lo pude vivir en mis carnes) y hacerles, a la vez, un pequeño tirón de orejas para que no vuelva a suceder. En cambio, obtuvieron camisetas como obsequio; y aquellos que cumplimos a rajatabla con todo volvimos a casa sin ni tan siquiera un "gracias por estar ahí" de los capitanes. Sinceramente, no lo vi nada bien, y no es ninguna pataleta.

Llegó septiembre y empezaron las sombras. La Liga no comenzaba bien, y la FCPE ya envió un primer escrito al club alertando: la temporada es larga, hay tiempo para todo, pero no hagamos el tonto porque la podemos liar... ¡Qué alarmistas sois, hombre!, dijeron algunos.

En octubre, después de cuatro meses en el cargo, el club prescindía del primer entrenador de la temporada: David Gallego, ovacionado meses antes en el Aplec de Penyes y extremadamente criticado durante su etapa en el primer equipo. Por el motivo que fuera, desde fuera no se veía el equipo conjuntado, la verdad, y hacía falta un cambio radical.

Llegó Machín para intentar revertir la situación. Pero no lo consiguió. De hecho, no se comió ni los turrones. Cuando un equipo se ve ahí abajo, entiendo que la psicología es algo clave. Pero ahí pasaba algo, y ni psicología ni nada; estábamos en caída libre.

Un par de semanas antes de su despido, yo mismo, como integrante de la FCPE, participé de la reunión entre jugadores (Diego López, David López, Javi López, Esteban Granero...), staff, Área Social, Curva y Juvenil en la que tenía que quedar claro que todos, y absolutamente todos, haríamos lo posible para conseguir el reto: salvar la categoría. Desgraciadamente, no fue así. Ni salvamos la categoría, ni creo que todos hiciésemos lo posible para conseguirlo. Y que cada uno se mire su propio ombligo.

Tras Machín, llegó el momento de Abelardo. Tenía mis dudas con él, sinceramente. Pero siempre digo que para hablar de fútbol ya hay muchos especialistas, y yo nunca entiendo tanto como ellos.

Parecía que había habido un cambio, y positivo. El 2020 comenzó con un importante empate ante el Barcelona. Llegó el mercado de invierno y hubo fichajes que nos hicieron pensar que era posible. Que la salvación era realmente factible. Todo el mundo coincidía con que el presidente Chen se había rascado el bolsillo porque creía que era necesario, aunque cuando realmente hubiese sido necesario era en verano. Pero más vale tarde que nunca, ya sabéis.

Pero...

La Copa del Rey, con un formato más atractivo e interesante, la echamos por la borda con una alineación patética frente a la Real Sociedad. Derrota fácil y al carrer. Y la UEFA Europa League la tiramos también con un mal partido en tierras inglesas. Que sí, que lo realmente importante era la Liga... pero, qué queréis que os diga. La Copa del Rey ilusiona, y ni qué decir de plantarse en octavos de Europa League, que tampoco era tan complicado. Y de ilusión se vive.

Y fue entonces, fuera de la Copa del Rey, sin Europa y últimos en la Liga, cuando estalló algo que nadie creyó posible: una pandemia que acabaría parando el mundo del fútbol.

El Estado de Alarma paralizó el país. Y el fútbol se vio obligado a detenerse. Durante el tiempo que transcurrió el periodo de confinamiento, la sociedad tuvo que sufrir una vergüenza más: el debate sobre reanudar la competición futbolera cuando los muertos se contaban por miles a diario. Una vergüenza mayúscula.

Pero estaba claro lo que iba a pasar. Javier Tebas no podía dejar que el fútbol no continuara. Jaume Roures no podía perder millones y millones por los derechos televisivos. Florentino Pérez no podía permitir que al Barcelona lo proclamaran campeón de Liga. Los clubes, maniatados por dinero. Así que, como lo primero es lo primero, el fútbol se reanudó.

Miles de tests para los futbolistas, cuando no había suficientes para los sanitarios. Empresas privadas no podían comprar tests, pero LaLiga sí. Las escuelas cerradas, pero el balón rodaba. Los jugadores tuvieron que entrenarse en grupos reducidos, pero podían abrazarse celebrando goles o escupirse a la cara defendiendo un córner. El fútbol femenino, como no interesa, se suspendía definitivamente. El masculino no, el de los macho men había que jugarlo; más que nada porque da millones. Una vergüenza.

Mientras, tantos y tantos, huntados, se reían de aquellos jugadores que alzaban la voz y decían que no querían jugar, que era jugar con la salud individual y colectiva. "Volver es ganar", dicen. Anda y que se vayan...

Aunque no lo dejé escrito, antes de que se reanudara la competición lo dije por activa y por pasiva: lo que tendría que hacer el Espanyol es negarse a jugar. Literalmente. Por respeto a los sanitarios, a sus socios, por coherencia y por humanidad. Pero, claro, eso no lo podía hacer el club. Arriesgarse a ser descendido de forma administrativa por negarse a poner en riesgo la salud de sus empleados...

Y tampoco se atrevería el Espanyol, ni ningún otro club, a denunciar la adulteración de la Liga. Que cambien las normas del juego a mitad de la competición representa una dulteración tan grande que realmente me parece increíble el silencio de tantos clubes. Pero ahí están. Tienen lo que han votado.

Lo que me hizo gracia también es ver como, casualmente, otras ligas tenían decenas de positivos y la española ninguno. Fue la mar de curioso, la verdad. Nosotros, en España, con un porcentaje elevadísimo de infectados, no teníamos futbolistas enfermos. Qué curioso... Como aquellas tendinitis, aquellas molestias, o aquellas "pneumonía que nada tiene que ver con el Coronavirus". ¿En serio alguien se lo cree?

Y lo han escondido hasta que les ha estallado el globo. Lástima que no fuese dos semanas antes. Fue precisamente en la última jornada de Segunda Divisón, con la Primera ya acabada. Jugadores del Fuenlabrada infectados. No se juega el partido contra el Deportivo. El resto sí se disputan. Se adultera aún más la competición. Ahora resulta que falta jugar un sólo encuentro, pero ya están los descensos adjudicados. Y Tebas dice que el Fuenlabrada renuncia a jugar el partido, lo que significa que el Elche ocuparía plaza de promoción a Primera División. Y el Fuenlabrada dice que no, que no renuncia a nada... Esto es un escándalo bárbaro. Es algo de dimensiones que ni yo imaginaba. Ahora, Deportivo y Extremadura con comunicados exigiendo nuevos formatos de Liga. El Elche, a expensas de todo, que no sabe ni qué va a pasar con él la temporada que viene. De verdad que no creo que se pueda adulterar más todo. No me cabe en la cabeza que no haya equipo que no haya denunciado ya a LaLiga a la Justicia Ordinaria. A estamendos deportivos no, claro, que están todos huntados. Pero acudir a la Ordinaria paralizaría la competición sine die. Y espera, y espera... que ahora van saliendo, casualmente, más positivos.

Volviendo a lo blanquiazul, el caso es que el RCD Espanyol, por méritos propios, es equipo de Segunda División. Ha hecho una campaña horrible. Nefasta. Incluso acabó mucho peor de lo que todos creíamos con la destitución de Aberlardo y la puesta en escena de Rufete como entrenador. Una Liga de 25 puntos, último clasificado, y batiendo récords negativos. A Segunda, y con razón. Y con la afición descorazonada. Desilusionada.

En Segunda División, se supone, la temporada que viene el Espanyol se enfrentará a clubes como el Málaga, el Lugo, el Mirandés, el Oviedo... Y a todos ellos, se les suma aquellos equipos que han subido de Segunda B. ¡Y qué historia de promoción se inventaron también! Dos equipos ascendieron tras ganar un solo partido: Logroñés y Cartagena. A ellos, se les añadieron también el Sabadell y el Castellón, que tuvieron que superar tres encuentros.

Seguí con interés el final de Liga de Segunda para saber contra qué equipos se vería las caras el Espanyol la campaña 2020/2021. Y, cómo no, también seguí la promoción. Y tengo que decir que el seguimiento que dio TV3 a los equipos catalanes fue senzillamente lamentable. Aquí si no juega el Barcelona no juega nadie. Había clubes como el Cornellà y el Sabadell que se merecían un respeto que de ninguna forma les ha dado la televisión pública de Catalunya. Otra vergüenza más.

Cuando miras el panorama futbolístico de España, te das cuenta de que en comunidades como Andalucía, Euskadi o Madrid, se fomenta mucho más la pluralidad deportiva que en Catalunya. Aquí, si no eres el Barcelona, nada cuenta. Aquí parece que nada ni nadie tenga valor ni merezca respeto si no viste de azulgrana. Así está acabando todo. Con un Barcelona que se parece a aquella especie invasora que pretende acabar con todo aquello que le hace sombra en un mismo ecosistema. Y si no fuera por traidores como los del Espanyol, lo conseguirían.

La verdad es que me siento, en general, muy cansado de esta farándula que parece no tener fin. Supraorganizaciones que son mafias; organizaciones maniatadas por las mafias (y culpables de que gobiernen las mafias); gestores nefastos, actores horribles y aficionados que no son capaces de entender que cuando escoges unos colores y dices amarlos has de ser consecuente: has de amarlos en la salud y en la enfermedad. Quizás, no sé, necesite un descanso. Separarme un poco y ver los toros desde la barrera una temporada. No lo sé. Lo seguiré meditando.

Así acabó la campaña 19/20 en clave perica. Según los entendidos, y con números en la mano, la peor temporada de la historia. Según mi opinión: la primera vez que, con conciencia, veo al Espanyol perder la categoría; así que, sí, la peor temporada de la historia.

One Response so far.

  1. Pero estaba claro lo que iba a pasar. Javier Tebas no podía dejar que el fútbol no continuara. Jaume Roures no podía perder millones y millones por los derechos televisivos. Florentino Pérez no podía permitir que al Barcelona lo proclamaran campeón de Liga. Los clubes, maniatados por dinero. Así que, como lo primero es lo primero, el fútbol se reanudó.

    Esto es, en pocas palabras lo que sucedió. Y nosotros, en contra del criterio general de los que se juegan el dinero, nos teníamos que haber negado a jugar por sentimiento. Simplemente por el respeto a los muertos, y por los sanitarios que se jugaban la vida.

    No te hagas mala sangre. La liga no se pierde en un sólo partido, para perderla hay que ser nefastamente malo de solemnidad. Hubieramos sido más creíbles diciendo que no a la liga. Hoy, y en las circunstancias actuales, sería el club más respetado.

    Un beso muy grande
    salut