Banner 468

domingo, 23 de febrero de 2020

Febrero de desplazamientos: Granada

0 comentarios
 
Hace semanas que debería haber publicado las entradas sobre mis últimos desplazamientos. Pero resulta que en lo que llevamos de mes de febrero, que son ya 23 días, no me he dignado a hacerlo. ¿Y por qué? Pues porque escribir lleva un tiempo y, por muy poco trabajado que redactes un texto, las palabras hay que pensarlas. Y cuando no dispones del tiempo suficiente para estar concentrado y ponerte medio en serio... pues lo vas dejando, y dejando, y dejando. Y hasta ahora.

El mes de febrero comenzaba de una forma estupenda. Desplazamiento programado a Granada, para pasar un fin de semana entre amigos y ver un Granada-Espanyol que, después del empate en casa contra el Athletic, se vislumbraba clave para ascender en la clasificación.

El viaje lo comenzamos el viernes 31 de enero. Fuimos siete los que al final nos animamos a bajar hasta Granada. A los iniciales Xavi, Remigi y un servidor, se sumó la mujer de Xavi y tres de sus amigas. Así, nos encontramos en El Prat alrededor de las 18h. Mireia y Xavi me pasaron a recoger por Montmeló en su León y, juntos, recogimos a Remigi en Cornellà. Anna venía por su cuenta en AVE desde Figueres, y Cris y Irene por otro lado en tren.

En el aeropuerto comenzó el cachondeo. Nos encontramos con Melody, la artista que se hizo famosa de joven con aquel tema que decía "...y como los gorilas, uh, uh, uh". En una semana tan intensa como la que habíamos dejado atrás en lo que concierne al asunto de los insultos racistas a Iñaki Williams, eso nos hizo reír. Y más cuando Xavi, con todo lo que llegó a pasar, se puso a contarle a Melody la historieta...

No reímos tanto con el retraso de hora y pico con el que llegamos a Málaga. Porque sí, íbamos a Granada, pero los vuelos a Granada eran mucho más caros que a Málaga. Así que preferimos volar a la capital del boquerón y alquilar un coche para hacer el recorrido de hora y media hasta llegar al apartamento que habíamos alquilado en la ciudad de la Alhambra (el monumento... aunque la cerveza también).

El viernes acabó rápido. Antes de la una de la mañana estábamos aposentados en nuestras repectivas camas granadinas, descansando para los intensos sábado y domingo que nos esperaban.

El sábado, ya 1 de febrero, comenzó temprano. Nos duchamos, nos vestimos (cuando tienen que pasar siete personas, entre ellas cuatro chicas, por la ducha, hay que levantarse temprano sí o sí) y fuimos a desayunar churros con chocolate al Gran Café BIB-Rambla. ¡Qué manera de iniciar el día! De ahí fuimos al mirador de San Nicolás, donde empezamos la sesión fotográfica del fin de semana.

Remi, Xavi y yo dejamos a las chicas en los alrededores del mirador y fuimos paseando hasta el parking donde teníamos el coche. Ahí, cogimos el Alhambra (qué coincidencia, ¿verdad?) y nos dirigimos al estadio. Aparcamos en los aledaños y fuimos a recibir al equipo bufanda al viento. Vimos entrar el autobús del club y nos encontramos ahí con Ton, compañero de junta de la FCPE. Haciendo tiempo hasta las 13h, cuando comenzaría el partido, compramos las bufandas y los pines de siempre, y fuimos a hacer la previa. Un par de zumos de cebada, algunas tapas... Y Laura que no aparecía. Resulta que me tenía que encontrar con Laura, la prima de mi padre, y Andrés, su padre. Ellos venían de Málaga, y encontraron tal caravana para entrar en Granada que llegaron algo tarde. Ah, y yo llevaba sus entradas.

Una vez dentro de Los Cármenes, de hecho, Nuevo Los Cármenes, la ilusión era poder ganar. Una victoria significaría el resurgir. Tres puntos harían que el Espanyol dejara de ser colista y asomara la cabeza por los puestos de permanencia. Pero no fue así.

El partido acabó en decepción. Yo, personalmente, esperaba ganar. Confiaba en ello, de verdad. Y más aún cuando empezamos ganando con un tanto de Raúl de Tomás. Pero... la fragilidad del equipo es bárbara. Y dos tantos, uno al final de la primera parte y otro al comenzar la segunda, hicieron que el Granada se pusiera 2-1 y que el marcador no se moviera más hasta que el árbitro pitó el final del encuentro.

Tres puntos que dejábamos escapar en un partido que se nos había puesto de cara. Fue una verdadera lástima... Eso sí, pude tachar de la lista un estadio más. En el Nuevo Los Cármenes ya había estado años atrás, pero no presenciando un partido de mi equipo.

Al acabar el partido nos despedimos de Laura y Andrés. Ellos se quedaban en Granada, dormían allí, y el domingo por la mañana volvían a Málaga.

Nuestro plan vespertino, que se cumplió a la perfección, pasó por visitar Los Balcones (pueblo de la abuela de Xavi, en el que las casas son cuevas), Baúl (pueblo vecino que visité con una ilusión tremenda) y más tarde Guadix. Fuimos a visitar a la familia de Xavi. Montamos sus caballos y disfrutamos de su hospitalidad hasta que, parada obligatoria, fuimos a cenar al Restaurante Jos-Mary, que había conocido meses atrás en la despedida de soltero del mismo Xavi.

Nos acostamos más allá de las doce de la noche, con la barriga a estallar de cerveza y tapas. Y lo que llegamos a no comernos...

El domingo costó levantarse, pero había que hacerlo. Teníamos cita a las 8:30h para visitar la Alhambra. Iba a ser la tercera vez que la visitaba... pero había compañeros de viaje que no habían estado nunca ahí. Así que teníamos que ir. Después de dejar el apartamento listo, desayunamos cuatro pastitas por el camino y entramos en la Alhambra. Estuvimos hasta más allá de las 12h. Y, como no podía faltar, hubo sesión fotográfica extensa...

Al dejar la Alhambra fuimos a tapear. Era sólo un fin de semana, pero con eso de las tapas había que arrasar. Estuvimos en varias tascas antes de coger de nuevo el coche y, con todo listo, dirigirnos de regreso a Málaga.

Llegados a Málaga, algo más tarde de las 17h, llamé a Laura y, después de que ella dejara a su padre en el aeropuerto (Andrés cogía el vuelo a Barcelona anterior al nuestro), nos tomamos un helado y estuvimos un rato charlando. La dejamos habiendo hecho cuatro fotos en la playa de la Malagueta.

Tras el vuelo a Barcelona, nos despedimos del resto de expedición y Xavi y Mireia me llevaron a casa, esta vez acompañados por Anna, que también subía como ellos hasta Vic.

Llegué a casa que ya era lunes, 3 de febrero. Y apenas unas horas más tarde debía entrar a trabajar. Habíamos pasado un fin de semana fantástico, aunque el saco de los tres puntos lo traíamos vacío.