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sábado, 14 de diciembre de 2019

Nada es intrascendente

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Me desperté a las 5:50h, diez minutos antes de que sonara el despertador, como prácticamente todos los días. Había pasado mala noche. La tos que arrastraba desde días atrás no cesaba. Aún así, y por flojo que me encontrara, me quedaban por delante nueve horas y medio de trabajo. A base de caramelos, ibuprofenos, agua, lizipaina... pasé la jornada como pude, intentando no sobrepasarme con el esfuerzo físico. Al plegar, llegué a casa y me abrigué tanto como pude. Botas, calcetines gordos, pantalones térmicos debajo de los pantalones tejanos, doble camiseta de manga larga, jersey, anorac, braga polar y bufanda. Todo ello para intentar presenciar el partido entre el RCD Espanyol y el CSKA Moscú de la mejor peor manera.

El autocar salió puntual desde Montmeló. Dos únicos integrantes de la peña de La Garriga. Dieciséis de Montmeló. No llegábamos ni a veinte pericos entre dos peñas. De acuerdo que era la última jornada de la Fase de Grupos y ya estaba todo sentenciado, de acuerdo que hacía frío... pero... ya me entendéis.

Llegamos al estadio y pasé por la tienda. Los partidos entre semana, al no haber Fan Zone, tengo vía libre y más tiempo para ojear. Cogí ya ideas para cualquier día acercarme y comprar las últimas cosillas para Navidad.

Me senté en mi butaca (miento, me senté en la de mi cuñada... pero no se lo digáis) y empecé a presenciar el espectáculo. 10.000 asistentes al partido. Y más de 1.000 eran rusos. Lo siento pero no, no me vale. No me valen muchas de las excusas que oí. No me vale el "este equipo no engancha", "es que para ver eso me quedo en casa y no paso frío". No. Hay muchas maneras de ser aficionado a un equipo, pero hay argumentos que, por muy respetables que sean, no los comparto.

De verdad que yo iba con unas expectativas bajas, pero con unos mínimos. Había dicho y repetido que yo me conformaba con un empate, así acabas la Fase de Grupos invicto, sigues ampliando la racha histórica de partidos sin perder en Europa y, haciendo un partido mínimamente aceptable, quitas razones a los que no asisten al estadio por el mal juego o los malos resultados. Pero, no contentos con eso, se hizo todo lo contrario. El equipo estuvo mal. El partido fue malo para aburrir. Yo, que parecía una bola, me iba encontrando cada vez peor a medida que el partido avanzaba. Cada vez sentía más frío, cada vez tenía más tos, cada vez me dolía más la garganta, y cada vez el partido era peor.

El encuentro lo ganaron los rusos. 0-1 y, qué queréis que os diga, sentí hasta un poco de empatía por aquel millar de aficionados que habían viajado desde Moscú para ver a su equipo, que no tenía nada que hacer ya y estaba eliminado de la Europa League como último clasificado del grupo H. Como mínimo habían visto la primera y única victoria de su club en la presente campaña europea.

La afición perica, desencantada, se fue del feudo no sé si más cabreada, triste o resignada. Por mi parte, me pesaba más la resignación de ver que ni tan siquiera los menos frecuentes, los que no disponen de tantos minutos, habían sido capaces de plantar cara, de poner garra, de querer. Me dio esa sensación, de no querer. Quizá me equivoque.

Pero lo que me sentó peor no fue perder el partido, sino algo insignificante. Una frase. El RCD Espanyol de Barcelona tituló la crónica del partido con "Una derrota instrascendente". Y eso sí que no.

No hay derrota intrascendente, eso no existe. Perder tres puntos jamás es instrascendente. Encajar goles nunca es intrascendente. Acabar con la racha histórica de partidos imbatidos en europa no es intrascendente, es una oportunidad perdida. Dejar perder la prima de la UEFA por partido ganado no es intrascendente, es una imprudencia. Dar motivos a la gente para que no asista al RCDE Stadium no es intrascendente, es un error en toda regla. Jugar con la motivación y la ilusión de la afición no es intrascendente, es una irresponsabilidad. En momentos como los actuales, nada, absolutamente nada, es intrascendente.

No era un partido intrascendente. Era el encuentro previo al de mañana, al partido frente el Betis, que hay que ganar sí o sí. Era el momento de dar un empujoncito a aquellos indecisos y hacerles pensar "sí, tengo que ir al estadio, el domingo iré y gritaré, pondré mi pequeño grano de arena para que mi equipo, el Espanyol, sume tres puntos". Pero no, eso no se hizo. No se animó a la gente, más bien lo contrario.

Acabamos la Fase de Grupos como primer clasificado del Grupo H, con 11 puntos. Como segundo, se clasifica también el Ludogorets, con 8 puntos. Pasamos, pues, a dieciseisavos de final, en donde ya empieza el torneo del KO. Los dos últimos jueves del mes de febrero de 2020 se disputarán la ida y la vuelta de la ronda, en la que el Espanyol, al haber acabado primero de grupo, disputará la vuelta en casa. Este próximo lunes 16 de diciembre sabremos cuál será el rival de nuestro Espanyol en esta nueva ronda europea, en la que espero poderme desplazar de nuevo (ahora ya sí, puede ser el último viaje europeo... hasta no se sabe cuando). Como rivales, podemos medirnos a Brujas, Bayer Leverkusen, Olympiakos, Shakhtar, APOEL, Sporting CP, Cluj, Eintracht, Copenhague, Wolfsburgo, Rangers, Wolves, AZ Alkmaar o Roma. ¿Alguna predilección? Realmente, no. Menos Roma (por motivos que no haré públicos) y el Rangers (volver a Escocia no me llama), cualquiera de los otros me parece bien. Clubes con más o con menos potencial, da igual. Hay que enfrentarse a todos.

Pero antes del lunes viene el domingo. Y el domingo, mañana, nos visita el Real Betis Balompié en un partido que tampoco, como ninguno, es intrascendente. Ganar sí o sí, eso es lo que hay que hacer. Y para ello se nos necesita. Ganaremos o no, jugaremos bien o no, pero estar ahí, hay que estar.