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domingo, 1 de diciembre de 2019

El Danubio blanquiazul

1 comentarios
 
El de Budapest se presumía el desplazamiento más masivo en lo que llevábamos de Europa League, y así fue.

El nuestro quedó cerrado hará cosa de un mes. La empresa en la que trabaja no fue del todo amable, y Xavi Arabia no tuvo la oportunidad de sumarse al viaje, así que, echándolo de menos, finalmente fuimos sólo Alfredo y yo los que decidimos ir juntos a presenciar la quinta jornada de la Fase de Grupos de la Europa League. Una vez tuvimos los vuelos y el hotel ya contratados, hablando con unos y hablando con otros, nos dimos cuenta de que el avión de la compañía Wizz Air que salía el miércoles 27 de noviembre a las 9:20h del aeropuerto de El Prat estaría plagado de pericos. Y no veas si lo estaba. Desde Montmeló también se sumó Mati y su mujer Pili, con los que fuimos en tren desde el pueblo hasta el aeropuerto. Félix y su hija Laura de Aliança, Manu, Oscar Pitarch de Olost, el presidente de la penya de Camprodón, Adrià de los Runners y, así, un largo etcétera. Quizás, sin exagerar, podíamos decir que el 75% de los pasajeros del avión éramos aficionados del Espanyol.

Aterrizamos en Budapest sobre las 12h del mediodía. Allí nos fuimos cada uno dispersando. Félix y su hija fueron hacia su apartamento, y Alfredo y yo cogimos el autobús 100E hacia el centro de  Budapest. Sin embargo, antes tuvimos que esperar las maletas de Mati y Pili, ya que ellos, previa trifulca propiciada como siempre por las compañías de bajo coste y sus instrucciones artimañosas, habían tenido que facturar su equipaje de mano y pagar un suplemento.

Mati y Pili bajaron en Kálvin tér y fueron a pie hasta su hotel; Alfredo y un servidor también bajamos ahí, pero para coger la línea 3 de Metro y bajar en Nyugati pályaudvar. De nuevo en la superfície, fuimos andando los cinco minutos que separaban la estación de Metro del NH Budapest City. Dejamos las cosas en el hotel, y nos pusimos de acuerdo con Félix para ir a comer. Caminando fuimos a un restaurante argentino, La Pampa, que, cuando llegamos, después de haber andado cosa de más de veinte minutos, nos dimos cuenta de que estaba delante de la parada de Metro Arany János utca. Y habíamos comprado la tarjeta de transporte público ilimitado para 72h... así que hicimos un poco el primo.

Comimos con ellos y nos quedamos bien a gusto. Nos pusimos al día de nuestros programas de viaje, recordamos batallitas de otros desplazamientos, comentamos la actualidad perica... Y nos volvimos a separar para, una horita más tarde, volvernos a juntar. Eran prácticamente las 16h y Budapest se envolvía en una noche casi cerrada. Era curioso experimentar la sensación de acabar de comer y pensar que es hora de irse a la cama... Félix y su hija fueron a comprar provisiones mientras Alfredo y yo íbamos a dar el primer tour por la ciudad. Fuimos hasta el Danubio, a la altura de Széchenyi Lánchid (Puente de las Cadenas), y recorrimos el paseo fluvial, pasando por delante del Parlamento, hasta la calle de nuestro hotel. Ahí, algo más tarde de las 17h, nos reencontramos con la delegación de Aliança y seguimos andando por todo el casco más céntrico. Hacía fresco, pero lo bueno es que no llovía. Nos tomamos una cerveza local, la Soproni, y fuimos a cenar, allá a las 20h, a un McDonald's situado en un edificio histórico adyancente a la estación de tren Budapest-Nyugati.

El día acabó temprano. Antes de las 22h estábamos de nuevo en el hotel, casi con el pijama puesto. Nos habíamos levantado a las 5am para coger el tren a las 6h e ir al aeropuerto, y la caminada de la tarde había sido fructífera.

El jueves 28 amaneció lluvioso. De hecho, durante todo el día estuvo el cielo muy tapado y, a ratos, llovizqueaba. No era una lluvia potente, pero sí que iba calando.

Desayunamos fuerte en el hotel. Si algo tienen los NH es que, por normal general, los desayunos son muy completos. Sobre las 10h salimos a recorrer mundo. Cruzamos el Margit Híd (Puente de Margarita) y llegamos a la zona de Buda. Durante toda la mañana recorrimos la zona oeste del Danubio. Contratamos un microbus turístico que nos fue dejando en puntos estratégicos, y visitamos el Castillo, el Bastión de los Pescadores y la Iglesia de Matías, etc.

A mediodía fuimos a comer al centro comercial situado al lado de la estación de tren de Nyugati. Teníamos el hotel a apenas cinco minutos, y eso nos sirvió para comer bien, tranquilamente, ir a la habitación a dejar trastos, coger la bufanda y el voucher de la entrada y volver de nuevo a la estación.

A las 15:30h cogimos el Metro allí mismo. Bajamos una parada más tarde, donde habíamos quedado encontrarnos con Félix y su hija, y así ir los cuatro juntos hacia el lugar de encuentro en el que nos había citado el RCD Espanyol. Nagyvárad tér fue la estación en la que nos bajamos. Habíamos quedado, según el mail recibido, en las afueras de esa estación, pero con cinco salidas era bastante difícil entenderse. Después de agruparnos varias decenas de pericos en una entrada, entre los cuales ya estaban también Mati y Pili, no podíamos colapsar la boca del Metro y decidimos apartarnos unos metros más allá. Qué sorpresa. Ahí estaba ya la Seguridad del club.

De 16h a 17h estuvimos en aquella especie de parque concentrados. Éramos más de 400 aficionados pericos que nos habíamos desplazado no sólo desde Barcelona, o no sólo desde Catalunya, sino que había espanyolistas venidos de Cuenca, de Madrid, de Bélgica o de Inglaterra.

Faltaban dos horas para que empezara el partido, sin embargo, escoltados por la policía y miembros de seguridad, fuimos caminando los 800 metros que distanciaban el punto de encuentro del Groupama Arena. Una vez allí, ya lo presumíamos, nos metieron sin discusión dentro del estadio. No pudimos pasar por la tienda a comprar la bufanda, o hacernos la foto delante de la estatua del águila que preside el feudo del Ferencváros. En ese momento era imposible, pero habría que buscar una solución, porque no podíamos volver a Barcelona sin la bufanda y el pin.

Por órdenes de la policía, tuve que dejar la lata de cerveza en el suelo; no me dejaron tirarla a la basura, ya que me hubiese salido de la zona de seguridad. Nos cachearon un par de veces y, dentro ya del recinto del estadio, tuvimos que hacer cola para cambiar nuestro voucher por la entrada del partido.

El estadio, inaugurado en 2014 y con capacidad para unos 22.000 aficionados, se veía coqueto y confortable. Fuimos al bar a por cerveza (aunque fuese sin alcohol), era la excusa para adquirir el vaso reciclable conmemorativo del grupo H.

La imagen de la grada era bonita. Mucho espanyolista (aunque alguno prefiere llevar otras banderas que no las del Espanyol, pero bueno...), mucho conocido, y un resto del estadio bastante cargado, sin llegar al aforo completo. La grada de enfrente, con su grupo de animación, los Green Monsters, maravilló con un tifo simple pero espectacular: Budapest. Y fue absolutamente espectacular su grado de animación antes, durante y después del encuentro. En españa se nos llena la boca, pero lo que he vivido en Moscú, en Lucerna o en Budapest...

El partido en si fue malo, o incluso tirando a muy malo. No me gustó cómo jugó el Espanyol y, si alguien se merecía ganar el encuentro, ese era el equipo local. Aun así, el sabor de boca que nos quedó fue de euforia y épica. Un gol en el 96' daba al Espanyol el empate, la primera posición del grupo, y la posibilidad de alargar un partido más la racha más que histórica de 26 partidos europeos sin perder. Y todo ello, tras empezar perdiendo, empatar, parar un penalty y recibir gol de penalty en el 90'. Y todo ello, también, con el debut de Moha, con un Pipa espectacular, con Lluís López, Pol Lozano, Melendo, Campuzano... Ganar está muy bien, jugar bien y bonito está muy bien, pero, aunque a veces no se consigue, lo que sí que es indudable es que es un orgullo que tanta cantera nutra al Primer Equipo.

Con una alegría desmedida nos despedimos de los compañeros de grada (el EntorNO, Guim, los Runners...) y, tras colarnos haciéndonos los despitados, pudimos llegar a la zona noble del estadio y, acto seguido, meternos en la tienda oficial. ¡Lo conseguimos! Nos quedaba la opción de ir el viernes por la mañana, pero pudiéndolo dejar ya todo zanjado el mismo jueves, para qué alargarlo más. En la tienda pude comprar la bufanda y el pin. Mati, un gorro de waterpolo; cada uno con sus gustos y obligaciones.

También pudimos hacernos la foto delante del águila. Un monumento impactante que, con el nombre del estadio detrás, de noche y bien iluminado todo, deja una estampa impresionante.

De ahí cogimos de nuevo el Metro. Félix y Laura se despidieron de nosotros. Ellos continuaban su estancia en Budapest con el resto de su familia, que acababa de llegar. Mati, Pili, Alfredo y yo parábamos en el centro para ir a cenar.

Cuando es tarde y todo está cerrado, tienes que acabar comiendo en el sitio que, aunque sano no es, sabes que llena el estómago: el McDonald's. Para acabar el día fuimos a tomar la última a un bar en ruinas. Aquello sí que es verdaderamente impactante: eso no puede cumplir ninguna normativa de seguridad ni nada por el estilo. Un edificio grande, sin ningún tipo de arreglo, plagado de gente, con un atrezzo peculiar (bañeras por ahí, coches destrozados por allá...)... dudo yo de que haya ni tan solo salida de emergencia. Eso sí, te tomas tu cerveza muy agusto después del fútbol.

Tuvimos que volver al hotel caminando. El Metro cerraba a las 23h, y era ya más de medianoche. A la 1h nos metíamos en la cama cansados. Habíamos caminado mucho, y habíamos sufrido también mucho. El Espanyol es lo que tiene.

El viernes empezó de la misma manera, con un desayuno potente, aunque con el cielo totalmente despejado. Hicimos el check-out del hotel y durante la mañana fuimos a recorrer calles y sitios que teníamos pendientes. Cogimos el tranvía y también la línea 1 del Metro, que tiene una apariencia mucho más antigua y modesta que la 3. Visitamos la Basílica de San Esteban, la Váci utca en donde se palpaba ya el espíritu navideño, el Parque Varosliget y la Plaza de los Héroes... Y, a las 13:30h, fuimos al lugar de encuentro para poder hacer un viaje en barco por el Danubio. Desde el hotel mismo lo habíamos contratado. De 14h a 15:30h estuvimos navegando por el Danubio, pasando por debajo de sus puentes más importantes y viendo, con el día despejado que hacía, todas aquellas vistas. Hacía fresco, eso sí.

Acabada la navegación, comimos en el centro y volvimos a coger el autobús 100E patra ir al aeropuerto. Había pasado ocho años desde la primera y única vez que había pisado Budapest; pero, lo que son las cosas, cómo cambia la percepción de un sitio cuando modificas las circunstancias y los variables que la envuelven. En 2012 pasé ahí con la familia unos días. Un verano súper caluroso, con el hotel a las afueras de la ciudad, sin aire acondicionado en la habitación... fue todo muy, muy agobiante, y prácticamente no disfrutamos de la ciudad. Este año, en otoño, con fresco pero sin morirte de frío, con el hotel céntrico, con la alegría de un buen resultado... Cuando las circunstancias lo propician, todo es positivo.

Además, lo que me resultó chocante es que todo el mundo, fuese gente joven o personas ya más mayores, hablaban inglés. En todos los viajes que he hecho últimamente (Lucerna, Zaporizhia, Moscú, Sofia...) me ha costado encontrar gente que domine el inglés. Aquí, en Budapest, todo han sido facilidades. Punto muy a favor.

Llegamos al aeropuerto sobre las 18h. Nosotros volvíamos, pero Mati y Pili, y Félix y toda su familia alargaban el viaje aún unos días más. Nuestro vuelo a El Prat salió puntual, a las 20h, también con bastantes pericos, y llegamos a Barcelona algo antes de las 22:30h. Cansados por haber caminado prácticamente 50km en tres días (Alfredo tiene siempre lo último en cachivaches, y su gadgetoreloj decía que habíamos andado más de 48km), llegamos a Montmeló a medianoche. Dejábamos atrás un gran viaje, un buen desplazamiento, y un resultado positivo.

Ahora ya sólamente nos queda un partido para acabar la Fase de Grupos de la Europa League. En casa, frente al CSKA Moscú, el próximo jueves 12 el equipo tiene la responsabilidad de sacar un buen resultado para, así, seguir con la racha de imbatibilidad. El primer puesto ya no nos lo arrebatan, pero hay que seguir la dinámica positiva. Porque la Liga es otra cosa, pero en Europa la pericada tiene ilusión. Y con la ilusión no se debe jugar.

One Response so far.

  1. Jaime says:

    ¡OTRO MAS AL BOTE!,ESPERO QUE AL PROXIMO PODER ACOMPAÑARTE Y QUE SEA UNA ELIMINATORIA BONITA EN TODOS LAS SENTIDOS.