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miércoles, 9 de octubre de 2019

Ni una ensaimada

1 comentarios
 
En el aeropuerto, aún viernes, nos despedimos de Félix, Víctor, Sergi y las hermanas Esther y Sonia. Fuimos para casa y ahí, antes de acostarme, todavía me quedaba un buen rato de faena. Imprimir billetes, acabar de preparar la maleta (de hecho, fue vaciar la mochila de ropa de abrigo para poner la de verano, y ya está) y actualizar con varias noticias la página web de la FCPE. A las 2h de la mañana me metía en la cama, y el despertador iba a sonar a las 4:45h.

Una ducha, un vaso de leche, coger a mi hermano del brazo y para el tren. Llegamos, de nuevo, a El Prat sobre las 6:30h. Ahí mismo, en la Terminal 1, nos encontramos con Remigi, presidente de la PBB Vandellòs i l'Hospitalet de l'Infant y compañero de junta de la FCPE. Con él emprendimos el vuelo a Palma de Mallorca, no sin antes acusar un retraso de tres horas y beneficiarnos de un generoso bono de 5€ para canjear en la cafetería (qué bondad, la de las compañías aéreas). Pero bueno, fue bien para la primera cerveza, la verdad.

Aterrizamos en Mallorca sobre mediodía. ¡Qué calor! Parecía mentira que 24h antes hubiese estado yo paseando por las calles de Moscú con chaqueta y chubasquero. Fuimos al hotel, el Araxa-Solo adultos (suena curioso, ¿no?), a dejar las maletas y buscamos un lugar donde comer. Por otra cosa no, pero por la comida de aquí sí que agradeces volver del extranjero.

Por la tarde recorrimos todo lo que pudimos de Palma. Ver la Catedral, los Baños Árabes, la Rambla, el Born, el paseo marítimo... El sábado fue el día turístico. Al regresar al hotel, disfrutamos un ratito del spa, nos acicalamos mínimamente y fuimos a cenar. El bocata de pechuga de pollo con queso, ¡esto sí que es un buen bocata!

La fiesta acabó sobre las tres de la mañana. Tomar algo por ahí, ver un concierto de los Reservoir Tones (un concierto estríctamente instrumental y que, la verdad, me gustó) y al hotel, a dormir otro ratito.

El domingo, día 6, ya fue otra historia. Desayunamos en el hotel (uno antes que los otros... a los que se les pegan las sábanas...) y fuimos caminando hacia Son Moix. Estábamos a unos 40 minutos del estadio, que hicimos tranquilamente. A las 11h nos encontramos delante de Sa Botiga Oficial del RCD Mallorca con Manuel y Mª Carmen, dos Pericos de Montmeló a los que yo les tenía que dar las entradas, y también con Mateu Ponce, presidente de Pericos Ibiza, al que tuve también que llevarle las entradas (es lo que tiene estar en la FCPE, que siempre tienes una obligación u otra, ya véis).

Vimos un poco la Fan Zone que tenían montada y entramos al estadio. Un lugar algo apartado del centro y en el que echamos de menos un techo, ya que caía el lorenzo que tiraba para atrás. En la zona visitante nos encontrábamos representantes de muchas peñas. A parte de Montmeló y Vandellòs, teníamos a la Juvenil, Pirates, Coyotes, Aliança, Tarragona... Y es lo bonito de todo, encontrarte con Guim y su hermano, con Esther, Sonia y Sergi (con los que habíamos ido a Moscú), con este, con el otro... Y, bueno, así se pasa algo mejor un mal partido. Porque, ya sabéis, el encuentro, que acabó 2-0, precipitó el lunes el cese de David Gallego.

Lo cierto es que los resultados en Liga eran malos y alguna solución había que dar a este problema. Tampoco se podía esperar demasiado. El club decidió cambiar de entrenador, así que ahora tocará seguir apoyando al equipo, pero con otro míster.

Después de sufrir el partido, en el que nos marcó hasta Salva Sevilla, nos despedimos de Manuel y Mª Carmen y fuimos al McDonald's de turno, en donde me puse las botas a hamburgesas de 1€. De acuerdo, el McDonald's no es comida autóctona, pero por un día muy de vez en cuando tampoco voy a pedir perdón.

Volvimos al hotel a recoger las maletas, que habíamos dejado en consigna. Descansamos un rato, cargamos los móviles, y fuimos en autobús al aeropuerto. Este vez no sufrimos ningún retraso. El vuelo salió a su hora y, después de los 30 minutitos que dura el trayecto, aterrizamos en Barcelona a las 21h. Nos despedimos de Remigi, que debía coger su coche para volver a casa, y nosotros nos subimos al primer tren para bajar en Montmeló.

Se había acabado entonces el segundo viaje de la semana. El primero, con 3 puntos y algunos vodka; el segundo, con 0 y ni una ensaimada. Eso sí, todos los desplazamientos son positivos, aunque acabes perdiendo el partido. De todos te llevas anécdotas y recuerdos entrañables. Y de todos aprendes. Ahora toca preparar el siguiente.

One Response so far.

  1. Jaime says:

    No hay dos sin tres,a por otro desplazamiento y a por otra esperiencia que esperemos sea positiva.