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sábado, 26 de octubre de 2019

De la pobreza búlgara al enriquecimiento personal

1 comentarios
 
A veces, las facilidades no se encuentran, y, consecuentemente, te tienes que buscar la vida. Pues eso es lo que hicimos.

Nos encontramos en el aeropuerto de El Prat sobre las 20h del pasado miércoles 23 de octubre. Félix Botija, presidente de Aliança Perica y con quien hemos coincidido en todos los desplazamientos europeos de esta temporada; Sergi Estil·les, con quien nos conocimos en Moscú y, casualidades de la vida, cuya hermana se sienta a mi lado en el estadio; y Sonia Vizcaíno, presidenta de Coyotes Pericos y con quien coincidíamos por primera vez en hacer un desplazamiento juntos. Y un servidor, claro. Cuatro formábamos nuestra delegación perica.

Después de cenar en el Burger King (y probar, de forma no satisfactoria, de regatear el precio del menú), y de que Sergi y Sonia tuvieran que pagar un suplemento de 25€ por persona por llevar una maleta con ruedas (esto de las compañías low-cost es, en muchos aspectos, un timo bastante importante), despegamos algo más tarde las 22:15h. Yo, con la ilusión de conocer un país nuevo y con la esperanza de seguir la racha de imbatibilidad.

Llegamos al Sofia Airport prácticamente a las 2h de la mañana, hora local. Allí me llevé la primera sorpresa positiva: al llamar a la compañía de alquiler de coches en la que habíamos reservado vehículo, el hombre me atendió en inglés (de hecho, en líneas generales, encontré bastantes más personas que hablaban inglés en Bulgaria que no en Rusia o en Ucraína). Después de rellenar todos los papeles (que no son pocos) y de pagar un segundo seguro a todo riesgo, nos subimos al Opel Mokka y nos dirigimos al hotel. Sergi conducía y los demás intentábamos guiar.

Llegamos al Gloria Palace Hotel de Sofía cuando ya pasaban de las 3h de la madrugada. Nos atendió una chica con la mejilla izquierda aún con marcas de la almohada. Hicimos el registro y quedamos para encontrarnos a las 8:30h de la mañana, ya que la chica nos había avisado de que el lugar donde habíamos dejado aparcado el coche era de pago a partir de esa hora. Así que habría que ir a comprar el tiquet del parking para evitar multas.

Dormimos menos de cuatro horas en unas habitaciones que, con la rasca que hacía, tenían las ventanas abiertas. Dentro, las puertas de los armarios no cerraban, la cama era un sofá y yo no tenía papel de wc. Pero bueno, por todo lo demás, perfecto...

A las 8:30h Sergi no aparecía. Ni Sergi ni Sonia que, no lo he dicho aún, son pareja. Félix y yo tampoco podíamos hacer nada sin las llaves del vehículo, así que, arriesgándonos a multas, nos fuimos tranquilamente a desayunar. Un desayuno que, por otro lado, tampoco fue nada del otro mundo. Sobre todo por el gran zumo de naranja recién exprimido y el sabroso queso tierno que no servía más que para alicatar baños.

Acabamos de desayunar y picamos a la puerta de su habitación. Efecticamente, Sergi y Sonia se habían dormido, y bien. Félix y yo cogimos las llaves del coche y fuimos a comprar una viñeta que nos serviría para poder dejar el coche ahí aparcado durante una hora. El cartoncito tenía guasa, porque además de no entender nada por estar escrito todo en alfabeto cirílico, tenía muchas casillas por rascar. La mujer del tenderete que nos la vendió (por 1lev, por cierto) nos indicó que teníamos que rascar dos casillas y así lo hicimos. Dejamos la viñeta dentro del coche y, aún sin habernos alejado del vehículo, vimos acercarse el guardia de turno. Empezó a mirarse la viñeta, y acto seguido, fijándose en la matrícula, comenzó a tomar nota en sus papeles y dio algún tipo de orden a un compañero, que se dirigió a su furgoneta. Ipso facto fui hacia él y, como pude, le dije que ese coche era nuestro, que qué pasaba, que si había algún problema. Ni él hablaba inglés, ni yo hablo búlgaro, pero nos entendimos. No habíamos rascado las casillas del día y el mes del año. Supongo que le pillamos de buenas, porque no nos multó, y su compañero tuvo que devolver el cepo a su furgoneta.

Después de este susto, acabamos de preprar las cosas y nos pusimos rumbo a Razgrad, una ciudad del noreste de Bulgaria donde a las 19:55h debía jugar el Espanyol. Recorrimos unos 350km desde Sofía hasta Razgrad. Tardamos más de cinco horas. ¿Y por qué? Pues porque, saliendo de la capital, empieza la desolación. Todo da sensación de pobreza. Las carreteras, mal asfaltadas, de un solo carril por sentido, con curvas y sin arcén; el paisaje, de una naturaleza pobre; los edificios, algunos hechos de barro, otros de tochos puestos de cualquier manera, con techos que de ninguna manera pueden evitar las goteras; los lavabos, para ver y no creer... Fue realmente un viaje difícil, solo soportado por las risas de las anécdotas, el Derbi purgador que se tomó Sergi, o las múltiples paradas para descargar la bufeta y fumar.

Llegamos a Razgrad y fuimos directamente al hotel en donde se hospedaba el club (un edificio de 16 plantas, de las que sólo funcionaban 4, en una población de 33.000 habitantes en la que podías visitar... nada). Ahí, en recepción, pudimos recoger nuestras entradas para el partido y, como aún no habíamos comido, decidimos quedarnos en el restaurante del mismo hotel. Ahí vimos ya a algunos periodistas que siguen al Espanyol, como Cristina Busquets, y también a varios seguidores con los que compartiríamos grada más tarde. Pudimos hablar con Carlos Mira, David Bley, Agustín Rodríguez o Antoni Guerra y comer algo bastante decente: un plato de espaguettis regados con cerveza búlgara.

Cogimos de nuevo el coche y nos dirigimos al estadio. Dimos varias vueltas, aparcamos el coche varias veces, y todo porque ni nos gustaba lo que veíamos, ni veíamos seguridad. El barrio en el que se encuentra el estadio infunde un respeto propio de los suburbios más oscuros. De hecho, hasta policía de incógnito nos quiso trasladar directamente hasta el campo. Por algo sería, y eso que nosotros también vestíamos de casual.

Una vez en la calle adyacente al Ludogorets Arena, cuando estás envuelto de gente, la sensación cambia. Más que nada porque estar rodeado de gente, de stewards y de policías te proporciona algo más de seguridad, aunque sólo sea de forma psicológica.

Compramos las bufandas (las propias y los encargos) en un tenderete y entramos al feudo. El estadio, bonito y brillante, canta en medio de un barrio como ese. Lo entiendes todo cuando te cuentan la historia de su propietario, un multimillonario que invirtió más de 10.000.000lev en su construcción.

Estuvimos ubicados en una posición privilegiada. En tribuna principal detrás del banquillo visitante, justo delante de la prensa, muy centrados... vimos el fútbol realmente bien, incluso oyendo los gritos de los protagonistas.

El Espanyol siguió con su racha histórica en Europa y ya suma 24 encuentros sin perder. Ganó al Ludogorets por 0-1 con gol de Campuzano en un estadio que rozaba el lleno absoluto. Sufrimos, no voy a decir que no, pero se sumaron tres puntos que colocaron al equipo en primera posición del grupo. El debut europeo de Machín de perico fue la mar de bien, pues, y salimos del estadio increíblemente contentos. Si hacer un desplazamiento es motivo de alegría, hacerlo y ganar ya es extraordinario.

Volvimos al coche y nos pusimos de nuevo en ruta para regresar a Sofía. Aun con la victoria, el trayecto fue largo y cansado. Otras cinco horas de viaje antes de llegar, también sobre las 3h de la mañana, al hotel, con una temperatura de unos 4ºC.

El viernes amaneció radiante. El sol brillaba, los pajarillos cantaban... se notaba que habíamos ganado (y que habíamos dejado el coche dentro del parking del hotel, así que ya no nos teníamos que preocupar de multas y cepos). Desayunamos y dedicamos el día a visitar Sofía. Fue un acierto de Félix quedarnos en el Gloria Palace, ya que es un hotel muy céntrico y nos permitió llegar a todo de forma muy rápida. Entré por primera vez en una mezquita, la Banya Bashi, visitamos Serdika, la iglesia rusa de San Nicolás, la Catedral de Alexander Nevski... y recorrimos un mercadillo de antigüedades en el que, ahora sí, pude encontrar la insignia del PFC Ludogorets 1945 que no había podido conseguir la noche anterior. Así que todo fue genial.

Comimos realmente bien, y mucho, y, después de una poco fructífera visita a la Iglesia Boyana, fuimos hacia el aeropuerto. Sergi condujo desde que cogimos el coche el miércoles hasta que volvimos de Razgrad; yo lo conduje todo el día del viernes. Fue mi debut con un coche automático, y no estuvo del todo mal.

En el aeropuerto dejamos el coche y vimos que, de nuevo, como en la ida, coincidíamos con varios pericos, entre ellos el periodista Francesc Via. El avión salió puntual, aunque eso no nos privó de acabar de gastar todas las monedas que nos quedaban en los bolsillos en una última cerveza búlgara.

El vuelo lo aprovechamos para dormir tanto como pudimos. Dejábamos atrás un desplazamiento con pocas horas de sueño, y cualquier rato de descanso era bueno. De hecho, haciendo cálculos rápidos, en este desplazamiento habíamos recorrido unos 3600km en avión y otros más de 700km en coche, que, sumados a todos los que llevo en los desplazamientos europeos de esta temporada (Lucerna, Zaporizhia y Moscú), nos elevamos a prácticamente 20.000km siguiendo al RCD Espanyol. Y aún queda, como mínimo que esté planeado, Budapest. No os engaño si os digo que estoy orgulloso.

Aterrizados en El Prat, sobre las 21h, cogí el cercanías de la R2 y llegué a Montmeló a las 22:30h. Entonces sí, acababa otro desplazamiento que recordaré no sólo porque el Espanyol ganó, sino por todas las anécdotas que vives (eso de pedir una bolsa de "piposki" y que te den una bolsa de pipas no tiene precio), por la amplitud de miras que adquieres al ver mundo, por las amistades que haces... Al final, cada viaje representa una experiencia nueva y un enriquecimiento perpetuo.

One Response so far.

  1. Jaime says:

    Me cago el la virgen del Churrutillo, como decía el avi Pepe que envidia sana tengo;solo he podido ir a Moscu....eso si quedara para la historia dicho viaje.
    Por motivos varios no puedo desplazarme en lo que queda de año,¡pero si puedo! ,espero hacer algún desplazamiento en alguna eliminatoria.