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domingo, 11 de agosto de 2019

El primero: FC Luzern

1 comentarios
 
El desplazamiento comenzó antes de las cinco de la mañana de un jueves 8 de agosto de 2019. ¿Uno cualquiera? No, nada de un jueves cualquiera.

Mi hermano mayor nos llevó a mis padres y a mí en coche al aeropuerto de El Prat. A las 7:40h salía nuestro avión con destino Basilea, un vuelo que compartiríamos ya con varios periquitos, entre ellos los periodistas Francesc Via y Marc Bernad. Una vez en el Euroairport de Basel-Mulhouse-Freiburg, salimos de la terminal por el lado suizo (¡importante no equivocarse!) y cogimos el autobús de línea 50 hasta la Bahnhof Basel SBB, la estación de tren principal de Basilea. En un recorrido de unos 20 minutos estuvimos ya prestos a coger el tren que debía llevarnos hasta Lucerna.

Aunque en un primer momento no fue fácil entenderse con las máquinas expendedoras de billetes, finalmente, tiquets en mano, entramos en un tren, tipo Media Distancia, que en algo más de una hora y cuarto nos llevó hasta Lucerna. El ferrocarril, cómodo y silencioso; el paisaje, ya bello de por sí. Verde por doquier, jardines bien cuidados, y una arquitectura de viviendas muy característica. Y de fondo, las montañas, con algún resto aún de nieve.

Lucerna nos recibió con sol y una temperatura elevada. Eran poco más de las doce del mediodía, y tocó tirar del tradicional plano de papel para llegar al hotel. El teléfono móvil de poco sirve ya si no tienes datos por estar fuera de la UE, o lo que es lo mismo, no puedes usar Google Maps. En apenas 10 minutos estuvimos en el hotel, habiendo ya tomado contacto con el río Reuss y su puente más famoso: el Kapellbrüke, con su Wasserturm.

Dejamos las maletas en el hotel y fuimos a comer habiendo recorrido ya parte de la zona más turística de la ciudad, la orilla del río. Después de comer y de descansar un poco en la habitación del hotel, fuimos tranquilamente a pasear por calles con el objectivo de, más tarde o más temprano, llegar al Swissporarena.

Fuimos vagando por las callejuelas hasta llegar al estadio en apenas 25 minutos. La zona, apartada del centro por sin estar en el extrarradio, albergaba varios chiringuitos que nos hicieron pasar la sed (a 6,5€ la lata) y el hambre (a 7€ el hot dog) hasta la hora del partido. Los aficionados poco a poco iban llegando. Por parte periquita, ya nos cruzamos con varios horas antes por las calles de la ciudad, y en los aledaños del estadio se fueron sumando hasta ser más de medio centenar. Representantes de las peñas de Levante, Aliança, Pericos Vascos, Juvenil o Montmeló no quisimos perdernos la cita.

Vimos llegar los autobuses de ambos equipos, compré solamente un pin del FC Luzern (30€ por una bufanda de raso me pareció demasiado caro) y entramos al estadio, que aparentemente parecía coqueto. Y no defraudó. Limpio y bien acabado, el Swissporarena cuenta con aforo para unas 17.000 personas, aunque para la ida de la 3ª ronda previa de la UEL apenas superó los 9.100 asistentes.

A la afición del Espanyol no nos encasillaron en la zona visitante, y es de agradecer, sino que tras pasar los controles rutinarios, nos dejaron sentarnos en cualquier sitio del fondo contrario a la grada de animación suiza. Allí nos juntamos los espanyolistas, que pudimos disfrutar de un buen ambiente de fútbol.

Los contrarios, generalmente respetuosos, animaron a su equipo hasta el final, incluso perdiendo por 0-3. Nosotros, a los nuestros, que encarrilaron bien la eliminatoria. El partido no tuvo demasiada historia ante un rival futbolísticamente inferior, pero al que, obviamente, había que intentar ganar con holgura para poder tener un partido de vuelta medianamente plácido.

Del partido poco más cabe destacar. Carlos Mira acercándose a hacernos fotos, la grada de animación del Luzern entonando el "porompompero" de Manolo Escobar, algún que otro con la camiseta del Barcelona... En un campo de fútbol se puede ver de todo.

Después del partido fuimos directos para el hotel. Camimando, tal como habíamos ido, fuimos despejando la Messe, como se le llama a la zona que alberga el estadio. Lo que desconocíamos y realmente es algo muy positivo es que en la entrada del partido (25€) está incluído el transporte público tres horas antes y tres horas después del encuentro. Esta es una iniciativa que bien se podría copiar en nuestro estadio...

El desplazamiento no acabó el jueves, sino que duraría hasta el sábado. El viernes 9 lo dedicamos a visitar aquello que nos quedaba por ver de la ciudad. La Hofkirche, el Löwendenkmal y, sobre todo, el Monte Pilatus. Para ello dedicamos toda la mañana. Fuimos en tren hasta Alpnach, y allí mismo subimos al tren cremallera con más pendiente del mundo: 48%. Unos 40 minutos tarda el tren en subir la montaña, y desde luego, pese al precio (72€), vale la pena. Las vistas desde la cima son espectaculares: logras ver toda la planície de Lucerna a un lado, montes como Oberhaupt por el otro... es muy digno de ver.

El mismo viernes acabó tras bebernos unas cervezuelas de más de medio litro, cenar un rösti que estaba para babear y tomar el poco fresco que corría a orillas del Reuss, observando cisnes, palomas y patos de índoles desconocidas.

El sábado ya fue nuestro último día. La recepcionista del hotel no se equivocó al comentar que el tiempo en Suiza puede cambiar radicalmente en pocas horas. Si el jueves y el viernes tuvimos unos días fantásticos, claros, y hasta incluso con demasiado calor, el sábado se levantó gris y lluvioso. Así que, con Lucerna vista, decidimos dejar atrás el Hotel Drei Könige e ir ya de buena mañana hasta Basilea, ciudad que no conocíamos.

Hicimos el mismo recorrido que en la ida. Dejamos las maletas en la consigna de la Bahnhof Basel SBB y fuimos a ver mínimamente la ciudad. Tuvimos tiempo de sobras para ver la Marktplatz, el Rathaus (Ayuntamiento), el Mittlere Brücke, la catedral a orillas del Rin, la iglesia de Santa Isabel y el Kleinbasel. En general, nos gustó más Lucerna que Basilea. Tienen aires distintos. Y sus colores también, faltaría más. Lucerna es blanquiazul y Basilea azulgrana.

La parte final del viaje se demoró más de la cuenta. Nuestro avión debía salir a las 20:55h y acabó despegando con más de hora y media de retraso. Demasiado tráfico aéreo, problemas con el exceso de equipaje de algunos viajeros, incidencias médicas una vez ya estábamos sentados dentro del avión... Todo sumó.

Pero el final siempre cuenta, y más si es feliz. Y lo es. Fue un buen viaje en el que pude visitar dos ciudades de un país que nunca había pisado. Y, además, fue mi debut en un desplazamiento en la actual UEFA Europa League y, por si todo ello fuera poco, ganamos por tres tantos a cero. La verdad es que guardaré un buen recuerdo.

One Response so far.

  1. Jaime says:

    Desplazamiento en todos los sentidos muy positivo, para algunos a sido las vacaciones..