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sábado, 30 de abril de 2016

Aprilis

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Acabamos aprilis con regusto, con malestar en el cuerpo. Con la conciencia bien tranquila, pero con el ¿por qué? en la mente.

El mes empezó de una forma fantástica. El pasado jueves 7 emitimos el primer programa de Vallès en blanc-i-blau. El presidente de la peña de La Garriga y un servidor nos envalentonamos y hemos dado a luz a un programa de radio que repasa semanalmente toda la actualidad social blanquiazul. Los jueves, durante una hora, informamos de los actos de las peñas, entrevistamos a presidentes de embajadas pericas y sobre todo nos lo pasamos genial haciendo espanyolismo. Es una hora divertida en la que saciamos nuestra sed informativa radiofónica. Realmente, y hasta la fecha lo puedo decir, fundar este programa de radio ha sido una enorme idea.

Emitimos desde el 107.2 de la FM, y grabamos en los estudios de Rap107, la radio municipal de Parets del Vallès. Aunque, si por situación geográfica no podéis escucharnos, siempre podéis hacerlo vía online desde www.rap107.fm o a través de los podcasts que colgamos en nuestro blog, vallesbib.wordpress.com.

Esta gran noticia choca con la pérdida, el pasado martes 26, de una familiar. La madre de mi padre murió a los 80 años. Y lo triste de todo no es la noticia, no es que una persona de tu familia haya muerto y no la vayas a ver más, sino que lo más triste de esta historia es que no sientas tristeza. Sentir tristeza de precisamente no sentir tristeza, no sé si me explico. No voy a entrar en detalles, no hacen falta. Cada familia es un mundo, y en todas hay historias que parecen inverosímiles. Pero es triste, eso sí, que aun con vida, un niño no pueda contar con un pariente tan primordial como es una abuela.

A mí ahora ya sólo me queda una. La madre de mi madre, aun con los achaques de la edad, resiste a sus casi 85 años. Riega las plantas, se hace de comer, cuida a la perra, al gato, a la gallina y, aunque tiene siempre la ayuda de mi madre, es capaz de llevar una vida digna y autónoma ella sola. Hoy hasta nos ha hecho flanes de postre. Y tiene también, claro está, al resto de la familia a su lado, entre los que nos encontramos sus nietos, que pasamos con ella todo el tiempo que podemos. 

A mí, personalmente, me gusta pasar ratos con ella y simplemente poner la oreja para que vaya hablando. Ella se desahoga, tiene compañía, y aunque casi siempre dice lo mismo de los mismos temas, yo hago como si fuera la primera vez que le replico el comentario. Me gusta hacer lo mismo que hice con mis abuelos. Me gusta y veo que a ella le gusta, y a ellos les gustaba. Y me siento bien. Me siento en deuda con ella, con una persona que ha hecho todo lo que buenamente ha podido por sus hijos y por sus nietos. Una persona que quiere a sus hijos y a sus nietos; ni más ni menos que como mis abuelos.

No sé cuánto tiempo tardaré en no tener que decir que se me ha ido también la última. Que sea cuanto más tarde mejor. Pero tengo claro que, sean dos días como si son diez años, intentaré que, cuando por ley de vida nos tenga que dejar, sea con una sonrisa en los labios, contenta de tener una familia, unos hijos y unos nietos, que la quieren y la arropan.