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lunes, 14 de julio de 2014

Los mismos problemas

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Aprovechando el verano y las horas libres de que uno dispone, y además de las obligadas lecturas de siempre, últimamente estoy dedicando bastante tiempo al cine y a las series. Pero nada de cualquier tipo de películas o series de medio pelo, sino de obras que, creo yo, tienen un qué.

Descubrí hace poco el reproductor de la página web de RTVE, que es una verdadera maravilla. Desde allí he podido ver en apenas unos días, sin publicidad y cuando yo he querido, toda la serie de Verano Azul. Después de mucho oír de ella, y de incluso cantar el mítico ¡Del barco de Chanquete no nos moverán! sin ni siquiera saber de dónde venía, he visto por fin los 19 capítulos de la serie (de la que he quedado contento). También otras películas, como El abuelo, con el siempre espectacular en pantalla Fernando Fernán Gómez. Y tengo aún pendientes otras miniseries históricas o literarias como El Quijote, Los Pazos de Ulloa, Un cuento de Navidad (todos libros ya leídos), Lorca, la muerte de un poeta, La memoria del agua o Urtain.

Por otras vías, aunque también gracias a internet, que para ciertas cosas es un gran avance, he podido ver la primera temporada de Twin Peaks y su conocidísima pregunta ¿quién mató a Laura Palmer? mientras oyes de fondo su inconfundible banda sonora.

Si os fijáis, son todos trabajos ya antiguos, incluso clásicos algunos. Y de todos ellos sacas conclusiones, moralejas, y te permiten ver cómo ha ido cambiando la sociedad en los últimos años. En este punto me quiero detener, ya que me han ido llamando la atención muchos casos y aspectos de, sobre todo, Verano Azul y Twin Peaks que, de producirse en la actualidad, desencadenarían a buen seguro furias y protestas.

Conducir sin cinturón, ir en moto sin casco, que un padre dé tabaco a su hijo de 12 años para que fume y se curta, que un doctor fume dentro de su consulta mientras ausculta a un paciente enfermo, usar una escopeta para vengarse de una trastada, decir Yo a mi hijo le doy las hostias que yo quiero, que para eso es mi hijo y es de mi propiedad o Mujer, va, hazme la cena que ya estás tardando sentado en el sofá de casa sin camiseta y con un cubata en la mano... Estos son algunos ejemplos que ahora mismo me vienen a la mente recordando escenas de todo aquello visto en los últimos días.

La sociedad va cambiando, eso es innegable, pero no solo en cuanto al uso de ordenadores y teléfonos, sino en el modo de comportarse y de establecer relaciones sociales. Ahora vemos algunas escenas tan cotidianas hace apenas 20-30 años y nos escandalizamos. Hemos cambiado las amenazas cara a cara por la cobardía de escondernos tras las pantallas para decir exactamente lo mismo. O no fumamos tabaco pero adquirimos sustancias que ni siquiera son legales. O nos abrochamos el cinturón pero vamos, mientras condcimos, jugando al Angry Birds por el móvil. No sé decir qué es peor, porque me parecen los mismos problemas.