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jueves, 8 de agosto de 2013

Nova Creu Alta, pájara en pretemporada

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Previstos habían dos: la Nova Creu Alta, en Sabadell, y el Stade de Saint Michel, en Canet-en-Roussillon. La pretemporada tenía dos desplazamientos programados, pero desgraciadamente sólo he podido hacer uno. La visita a Francia, del viernes 2 de agosto, finalmente se tuvo que suspender por mi convalecencia tras la operación, sumada a la imposibilidad de otros miembros de la expedición perica para viajar.

Anulada la asistencia al Montpelier-Espanyol, que encima no pudimos ver por televisión (suerte hay de la radio y, hoy en día, también del Twitter), queda sólo relatar cómo fue el desplazamiento a la Nova Creu Alta en el segundo encuentro de preparación que disputaba el equipo. Tras el 0-13 ante la Selección de la Vall d'Aran, el partido contra el Sabadell se presentaba como una primera toma de contacto contra un equipo profesional, aunque de Segunda División, y que tenía que sufrir a la fuerza un obvio jet lag después de la reciente llegada de su stage en Japón.

Sábado 27 de julio. Salimos de Montmeló a las 19h en mi Getz. Marta, Mati, Alfredo y un servidor, enfundados con la blanquiazul, nos dirigimos hacia Sabadell. En menos de media hora teníamos ya el coche aparcado en los aledaños del estadio. El punto de encuentro con los demás era un bar muy próximo al feudo arlequinado; un establecimiento en el que, tras el acuerdo con la Juvenil, las medianas se servían a 90 céntimos para los aficionados del Espanyol. Como os podéis imaginar, el bar estaba a reventar de pericos, claro.

Allí se fue forjando ambiente. Risas, cánticos, charlas, reencuentros con viejos amigos... y hasta más de un culé con la camiseta del Barcelona, que se atrevía a pasar por en medio de toda la muchedumbre perica. Allí también recogimos las entradas que teníamos reservadas. Fue un buen negocio, porque gracias a un acuerdo también de la Juvenil las pudimos conseguir a 5€, y no a 10€, precio general de venta al público.

A las 20:30h, Marta, Alfredo y yo fuimos hacia el estadio, mientras Mati se quedaba a vivir el ambiente fuera del campo hasta última hora. Para mí era la segunda vez que pisaba la Nova Creu Alta, y la primera en que los goles, detrás de las porterías, disponían ya de asientos. El lavado de imagen del estadio, aunque solamente fuera con asientos nuevos, había sido importante. La pastilla reservada a la afición visitante, en la que nos ubicábamos, se fue llenando de pericos poco a poco. La Curva y la Juvenil, con sus dos megáfonos, alentaban al personal y dieron decibelios a la noche, calurosa como pocas. Decibelios que hicieron falta, la verdad, porque el resto del estadio estaba prácticamente vacío; una verdadera pena.

El partido acabó 2-1 a favor de los locales. Fue un encuentro muy espeso del Espanyol, con una primera mitad paupérrima, en la que nos fuimos al descanso con un 2-0, y un segundo tiempo algo más vivo, pero que ni muchos menos se asemejaba a lo que queremos y necesitamos ver en nuestro Espanyol. El árbitro permitió bastante el juego raso del Sabadell, y dos balones al palo impidieron al Espanyol lograr algún tanto más.

Con una derrota en la espalda, cogimos el coche de nuevo y antes de medianoche abríamos la puerta de casa. Era el primer desplazamiento de pretemporada y, aunque no pudimos hacer el de Francia, quién sabe si, una vez comenzada la Liga, y ya recuperado de mi dolencia, pueda hacer alguno más. Destino: Vilassar y sus noventa años.